Opción Obrera es la sección venezolana de la CRCI (Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional)

Propulsamos el desarrollo de una política proletaria al seno de los trabajadores tras su independencia de clase y una organización de lucha para su liberación de la explotación e instaurar El Gobierno de los Trabajadores, primer paso hacia el socialismo.

Ante la bancarrota capitalista mundial nuestra propuesta es que:


¡¡LOS CAPITALISTAS DEBEN PAGAR LA CRISIS!
¡LOS TRABAJADORES DEBEN TOMAR EL PODER!



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sábado, 10 de diciembre de 2016

Los obreros de la planta de Avícola La Guásima (Que Pollo) en lucha


Los obreros de la planta de Avícola La Guásima (Que Pollo)  en lucha  



Los obreros de la planta de Que Pollo (pollos beneficiados), ubicada en el Sector La Guásima en la carretera nacional de Tocuyito, Edo Carabobo, se cansaron de la directiva sindical la cual estaba discutiendo un convenio colectivo en acuerdos con los patronos, donde los intereses de los trabajadores fueron abandonados.

El descontento fue tan fuerte que los trabajadores tomaron la empresa y paralizaron la producción, en una acción legítima en defensa de sus salarios, a partir del 5 de diciembre.

El 9 de Diciembre, una asamblea de trabajadores con el apoyo y la participación de Fusbec (Federación Unitaria de Sindicatos del Estado Carabobo), decidió que ese contrato no era aprobado por ellos por lo tanto no podía ser homologado por la inspectoría del trabajo, que el contrato debe ser reactivado para discusión,  con una comisión designada por los trabajadores, que el sindicato debe afiliar  a los trabajadores que lo han pedido, y ellos no  lo han aceptado mientras  sí afilian a los empleados y buscar un mayor peso a favor de la empresa.

Como siempre, la empresa quiere reactivar la producción y con ese fin ha traído a un juez  agrario, a militares tanto de la GNB  como del ejercito, a la abogada Nancy Cadenas coaccionando  y amenazando a los trabajadores con llevarlos presos por estar violando la tesis de soberanía alimentaria.  Los trabajadores tienen denuncias de ventas con sobreprecio y acaparamiento por parte de la patronal, pero esto sí no les importa.

Los obreros contundentemente han respondido que están cansados de trabajar y percibir salarios miserables, que no les da ni 30mil bolívares mensuales, que el pago de las horas extras y las utilidades fueron desmejoradas. Ante una arremetida de la patronal donde intentaron sacar una camiones para llevarle alimentos a  unas granjas de pollo, respondieron,  que sí bien están preocupado por los pollos, ellos están preocupados por sus hijos, por su familia, y que para reactivar la empresa deben aceptar y respetar lo acordado por los trabajadores en asamblea, para entonces reactivar la empresa, además los  empresarios tiene otras 2 plantas donde también procesan  los alimentos para las granjas de pollos.

Los obreros hacen valer su poder a través de su asamblea general, la cual es la máxima instancia de decisión y así se lo han comunicado a todos los intermediarios de la patronal. Los directivos sindicales no se han atrevido a presentarse  en la planta, solo una vez estuvo un representante sindical y fue escoltado con militares, pero de nada les sirvió.

Los trabajadores asumen su trascendencia, unidos, organizados  y democráticamente imponen sus requerimientos, así la directiva sindical no los represente. Esa es la vía, para responder ante el cuadro nacional económico  que los lleva a la miseria.

La asistencia, orientación y apoyo de Fusbec , les indica la vía a través de  la  asamblea de trabajadores.

José Capitán

Arriba la lucha de los trabajadores de la planta "Que    Pollo", Avícola La Guásima







domingo, 27 de noviembre de 2016

FIDEL, ESBOZO DE CRÍTICA DE UN LEGADO


FIDEL, ESBOZO DE CRÍTICA DE UN LEGADO

Fidel Castro fallece cuando se cumplen exactamente sesenta años de la salida del Granma, desde México, de una fuerza revolucionaria que debía llegar a Cuba para derrocar al dictador Batista, en combinación con una huelga cívica prevista en el Oriente de la Isla. Sería el comienzo accidentado de la Revolución Cubana.

Fidel deja una herencia política contradictoria. De un lado, porque Cuba se encuentra empeñada en repetir la experiencia de restauración capitalista de China, en un lugar más inadecuado y en peores condiciones económicas internacionales. El ascenso de Trump prueba el carácter explosivo de esta tentativa, cuando no su completa inviabilidad. El bloqueo económico sigue en pie como un arma de presión para liquidar los obstáculos que aún existen en Cuba a la colonización del capital financiero. La limitada asociación del Estado con el capital extranjero ha llegado al tope de sus posibilidades. Irónicamente, es precisamente China, el espejo en el que se mira el gobierno de Cuba, el blanco preferido de la guerra económica que ha anunciado el magnate norteamericano.

En la conciencia popular, sin embargo, el legado que deja Fidel es una revolución social sin precedentes en América Latina, con la peculiaridad de que el papel dirigente de la clase obrera es sustituido por la clase media radicalizada. La Revolución Cubana no es el producto de una construcción histórica de la clase obrera internacional; incluso entra en colisión con todas las estructuras burocráticas esclerotizadas del movimiento obrero internacional, y en particular con los partidos estalinistas. Se desarrolla, en estas condiciones, un proceso histórico transicional peculiar: un régimen político que expropia a la burguesía, en un movimiento de independencia nacional, sin el horizonte histórico del gobierno de la clase obrera, ni de la revolución proletaria mundial. La historia del siglo XX ha sido muy fecunda en producir transiciones de características especiales. Esto no significa que, en ausencia de nuevos procesos revolucionarios, no queden condicionadas por la economía y la política mundiales.

El punto más elevado de la Revolución Cubana y del propio Fidel es la derrota que inflige, en abril de 1961, a la invasión mercenaria organizada por EEUU en Playa Girón – en la que fueron movilizados un millón de cubanos en armas. En octubre de 1962 comienza una curva descendente, luego del pacto Kennedy-Kruschev, que es denunciado vigorosamente por Fidel. Es a partir de este momento que el imperialismo decide combatir a la Revolución Cubana sembrando a América Latina de dictaduras semi-bonapartistas, primero, y directamente criminales, poco después. En Cuba, Fidel se sirve del manto revolucionario para establecer un régimen de arbitraje político personal. A diferencia de lo que ocurría con las revoluciones pasadas, cuando cada etapa política daba lugar a un liderazgo diferente, Fidel va a ser el protagonista irremplazable de las mutaciones de la Revolución Cubana.

El impacto mundial de la Revolución Cubana y el protagonismo internacional de Fidel no deben confundirse, como se ha hecho, con una orientación estratégica internacionalista. El apoyo a distintas formas de lucha armada (foquismo) constituyó una operación de aparato, que concluyó en derrotas crueles. Más adelante adoptará el camino contrario: una diplomacia de apoyo al entendimiento con la burguesía nacional. Es lo que ocurrirá con la UP en Chile y con la revolución sandinista en Nicaragua y los ‘procesos de paz’ en Centroamérica. El Foro de Sao Paulo servirá como marco para una negociación estratégica, a la que se integrará el Vaticano y Estados Unidos, y luego al apoyo de los gobiernos del “socialismo del siglo XXI”, que rechazan el radicalismo anticapitalista de la Revolución Cubana.

La muerte de Fidel no es la expresión ‘simbólica’ del final del ciclo revolucionario latinoamericano, como pontifican los enemigos de la Revolución Cubana. Las premisas que le dieron lugar, hace 60 años, están más presentes que nunca en todo el mundo.

Jorge Altamira
Partido Obrero Argentina

La muerte de Fidel Castro y la encrucijada cubana


La muerte de Fidel Castro y la encrucijada cubana

Ha muerto el líder del acontecimiento político más importante del siglo XX latinoamericano: la Revolución Cubana, por la cual toda una generación de jóvenes siguió las banderas del socialismo. El fallecimiento de Fidel Castro se produce en un momento crucial de la revolución en Cuba y en América Latina

Cuando fue juzgado después del asalto al cuartel Moncada en 1953, Fidel Castro transformó ese estrado judicial en una tribuna política para producir su famoso alegato: “La historia me absolverá”, todo un programa político que tenía su eje en la convocatoria a elecciones libres y en la vigencia de la Constitución demo-burguesa de 1940, que abrió el periodo de los gobiernos llamados “legítimos” (Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás) hasta el golpe de Fulgencio Batista en marzo de 1952.

Consumada la revolución el 1° de enero de 1959, la jefatura guerrillera en el poder intentó ejecutar aquel programa: estableció un acuerdo con partidos burgueses opositores a la dictadura de Batista y nombró presidente a Manuel Urrutia, representante de aquella coalición. El 8 de enero una maniobra política quiso imponer en el gobierno a una junta militar, pero Castro y su Movimiento 26 de julio convocaron a la huelga general para derrotarla.

Más tarde, cuando Urrutia expulsó a Fidel del mando militar, una movilización obrera y campesina lo repuso en el cargo y el presidente debió renunciar. Se quebró la coalición con la burguesía y se decretó la expropiación de los emporios azucareros, muchos en manos de pulpos norteamericanos. Esto es: cuando los objetivos democrático burgueses que perseguía el movimiento revolucionario se demostraron de cumplimiento imposible si no se les quitaba a la burguesía y a los latifundistas su poder económico y político, la dirección cubana tuvo el mérito histórico de avanzar audazmente por ese camino, el de barrer a todo el antiguo poder estatal. En enero de 1961, después de que Castro personalmente comandara las milicias que rechazaron la invasión de exiliados (financiados, entrenados y armados por la CIA) en Bahía de los Cochinos, el gobierno cubano proclamó públicamente el carácter “socialista” de la revolución.

Así, los aliados democráticos del M26 se van del gobierno o son expulsados, terminan en el exilio. La revolución entra en crisis con sus postulados originales y, mientras echa del gobierno a los partidos burgueses y expropia a los latifundistas, prohíbe elecciones libres en los sindicatos e impide cualquier desarrollo independiente de las organizaciones obreras y del proletariado mismo. El poder exclusivo del M26 deriva en el poder personal de Castro y se instaura así un bonapartismo sui generis. Poco después, los reveses económicos (el fracaso de campañas agrícolas y sobre todo la derrota de las tendencias industrializadoras, impulsadas por el Che Guevara y el ala izquierda del M26) empujarían a Castro a refugiarse en la burocracia contrarrevolucionaria del Kremlin; es más: el Partido Comunista, que se había opuesto a la revolución porque se contradecía con el equilibrio político acordado por Moscú con las potencias imperialistas, pasó a formar parte decisiva del gobierno y el Movimiento 26 de Julio tomó el nombre del partido estalinista.

Desde entonces, y particularmente a partir del fracaso de la experiencia foquista de Guevara, Castro se empeñaría en evitar que otros siguieran el camino cubano. Respaldó la “vía pacífica” al socialismo propugnada por Salvador Allende en Chile (1970-1973) y luego, producida la revolución nicaragüense en 1979, señaló con énfasis que Nicaragua no tenía por qué hacer como él mismo había hecho en Cuba, de modo que el sandinismo no expropió a burgueses ni a terratenientes y reconstituyó el ejército regular destruido por la revolución.

En sus últimos años de gobierno efectivo, Castro respaldó a gobiernos nacionalistas como los de Hugo Chávez y Evo Morales, e incluso al de los Kirchner. Una manera de desandar el camino de Cuba en 1959-61.

La encrucijada

Fidel Castro acompañó los acuerdos del gobierno cubano con Barack Obama, si bien en algún momento dejó caer alguna observación crítica (“no necesitamos que el imperio nos regale nada”), acuerdos que ahora entran en nueva crisis por la victoria de Donald Trump. Debe subrayarse, en ese punto, que Obama no levantó el bloqueo; apenas lo moderó, y con cuentagotas.

Este proceso se desenvuelve, además, cuando la bancarrota capitalista empeora en extremo las condiciones económicas de Cuba. Una reconversión capitalista en la isla revolucionaria produciría una situación explosiva por el grado de miseria que acarrearía. Por otra parte, la economía cubana está deteriorada gravemente en sus centros neurálgicos: la producción azucarera, por citar un caso, se ha derrumbado de 8 millones de toneladas en la década de 1990 a poco más de 1 millón en la actualidad. La entrega de tierras en propiedad a campesinos y cooperativas encuentra también obstáculos severos en el atraso agrario del país.

En términos políticos, la autoridad de Fidel, perdida en la práctica desde que su salud lo obligó a retirarse del gobierno, se pierde ahora hasta en su sentido simbólico. La crisis del Estado cubano deberá necesariamente apurar la transición política, que finalmente se decidirá en el terreno de la lucha de clases dentro del país y, sobre todo, en el plano internacional.

En definitiva, el de Cuba es un proceso abierto. Junto a las tendencias restauradoras se desenvuelve otra, opuesta al régimen burocrático y favorable a la democracia obrera, a la defensa de las conquistas de la revolución, a la libertad de organización con ese fin. Las masas cubanas son conscientes de que se aproxima el momento del desenlace: Fidel ha muerto y Raúl está también ante el límite intraspasable de la naturaleza. La crisis mundial pone a los trabajadores cubanos ante ajustes similares a los que sufren sus compañeros de todo el mundo. La revolución latinoamericana bien puede recomenzar por la gloriosa Cuba.

Por último, se debe subrayar lo obvio: es un momento de congoja. Los revolucionarios nunca han sido indiferentes al dolor de un pueblo ante la pérdida de sus grandes líderes, y más aún cuando se trata del jefe de una revolución que cambió la historia latinoamericana.

Alejandro Guerrero


sábado, 26 de noviembre de 2016

La muerte de Fidel Castro



La muerte de Fidel Castro

Con la muerte de Fidel Castro, a los 90 años de edad, desaparece uno de los revolucionarios más importantes del siglo XX. Castro personificó, en su larga vida, el derrotero de la revolución cubana, desde su etapa democrática inicial hasta la confrontación con el imperialismo y la burguesía cubana, para derivar, en el transcurso de su primera década, en una adaptación al estalinismo que marcaría su derrotero futuro. La larga estadía de Castro en el poder (1959-2008), marca claramente su rol bonapartista en este proceso, arbitrando entre las masas cubanas, armadas en milicias pero desprovistas de la posibilidad de organizarse en un marco clasista, por un lado, y el imperialismo y el aparato estalinista, por el otro.

Esta caracterización revela tanto los alcances como las limitaciones del proceso revolucionario que Castro arbitró durante medio siglo: una revolución en la que, a pesar de haberse expropiado el capital, la clase obrera no apareció como el sujeto revolucionario, organizado como tal y separado programáticamente de las otras clases, sino subordinada políticamente a una dirección de origen pequeñoburgués. El surgimiento de una burocracia privilegiada y la adaptación al estalinismo mundial (la Unión Soviética) y local (el Partido Socialista Popular, ex-Partido Comunista de Cuba, que había participado en un gobierno de coalición con Batista), condujo al nuevo estado revolucionario a suprimir a los trotskistas cubanos en 1965 y al alejamiento del Che de la dirección revolucionaria, lo cual conduciría a su muerte en Bolivia en 1967, a la edad de 39 años. Su trágica muerte es testimonio no sólo de las divergencias que la presión del estalinismo generó en el seno de la cúpula revolucionaria cubana entre el ala izquierda liderada por el Che y el ala centrista dirigida por Castro, sino del fracaso de la estrategia foquista del Che, quien, en un retorno a las teorías de los populistas rusos, postulaba que el sujeto revolucionario no eran los trabajadores asalariados sino los pequeños propietarios campesinos de los países semicoloniales.

Los trotskistas cubanos, abandonados a su suerte por la mayoría de las corrientes trotskistas mundiales, creían que el nuevo estado era un estado obrero; a pesar de ello, fueron suprimidos por demandar que no hubiera listas únicas de candidatos confeccionadas por el partido gobernante en las elecciones a los sindicatos, la convocatoria a un Congreso Nacional de la Central de Trabajadores de Cuba Revolucionaria con nuevos líderes y delegados libremente elegidos; el establecimiento de Consejos de Trabajadores para controlar, a través de sus delegados, la administración del Estado cubano, y el derecho de todas las tendencias políticas que apoyaran la Revolución a la libertad de expresión.

La historia de Cuba luego de su alineamiento con el estalinismo es un testimonio a los límites infranqueables de los procesos permanentistas en los que la burguesía es expropiada y las masas movilizadas para combatir al imperialismo sin que la clase obrera juegue un rol dirigente en este proceso. Otro tanto cabe decir de la política exterior cubana luego de su alineamiento con el estalinismo, desde el apoyo de Castro a la invasión soviética en Checoslovaquia en 1968 a su apoyo a los frentes populares en Chile y Nicaragua en los años setenta y ochenta. En el marco de esta adaptación al estalinismo, el asesino de Trotsky, Ramón Mercader, encontró refugio y murió en Cuba en 1978.

Hechas estas salvedades, que explican por qué nos reivindicamos trotskistas y no castristas o guevaristas, cabe señalar que, en cierto modo, somos hijos de la revolución cubana, ya que el Partido Obrero nació en 1964, cinco años después de la revolución y al calor de la misma. Nuestros debates con el foquismo en el pasado y con el curso actual de la burocracia cubana, cuya política de concesiones crecientes al imperialismo amenaza con llevar a la restauración del capitalismo en la isla, no deben oscurecer los grandes logros sociales de la revolución ni la deuda política que tenemos con el gigantesco impulso que los revolucionarios cubanos dieron a la izquierda latinoamericana. Nuestra tarea como revolucionarios es asimilar críticamente estas experiencias y expliárselas a los trabajadores, que serán los continuadores genuinos de la revolución cubana.

Daniel Gaido

jueves, 24 de noviembre de 2016

Venezuela, en vísperas de definiciones


Venezuela, en vísperas de definiciones


El carácter tardío de la mediación vaticana en Venezuela quedó ilustrado rápidamente por los acontecimientos de las últimas semanas. El descontento de la oposición respecto del resultado del “diálogo” radica en que éste no puede dar respuesta al único tema relevante: la crisis de poder. Por ello, el tema del desplazamiento de Maduro se cuela en forma permanente, sin acuerdos posibles. La derecha -MUD- asegura que vuelve a “la agenda de la calle” mediante la recolección de millones de firmas por el revocatorio, para presentar en la tercera reunión con el gobierno, prevista para el 6 de diciembre. La iniciativa apenas intenta disimular sus propias divisiones: una semana antes, Capriles había anunciado que “el 11 de noviembre era la fecha límite” para la satisfacción de sus demandas -liberación de presos y calendario electoral-, algo que ostensiblemente no ocurrió, sin que la coalición derechista ofreciera respuesta al nivel de las amenazas previas. En realidad, la MUD refracta el impasse del propio imperialismo, cuyas iniciativas “mediadoras” para contener la crisis latinoamericana vienen pisando arenas movedizas -Cuba, Colombia. El triunfo de Trump ha puesto patas para arriba esa agenda, desde el pacto nuclear con Irán hasta las transacciones con Raúl Castro, lo que se ilustra con los nombramientos de su gabinete. En ese marco, los sectores más derechistas de la MUD reclaman concluir en forma inmediata cualquier negociación con Maduro, porque los encuentros “no han dado resultados ni los van a dar” (Lilian Tintori en latercera.com). Hasta la Iglesia evidenció el callejón sin salida, pues “el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Diego Padrón, aseguró que la institución religiosa 'no está contenta' con el desarrollo 'del proceso de diálogo'” (ídem).

Bancarrota económica

La sanata papal según la cual “dialogando se entiende la gente” como parte de “la cultura del encuentro” está lejos de ocultar que el trasfondo profundo es una bancarrota monumental -y a su turno, una crisis de poder que exige definiciones de todas las clases sociales-. De una “redistribución eterna” a partir de la renta petrolera, pasamos al inminente default de PDVSA, que el 21 de noviembre activó una “gracia” de 30 días para pagar compromisos de deuda por aproximadamente 539 millones de dólares. El dato es significativo, porque en ningún momento el chavismo interrumpió el pago religioso de estos cupones, lo cual desangra sistemáticamente una economía en terapia intensiva. El JP Morgan “todavía cree que PDVSA hará los pagos durante el período de gracia” (El Nacional, 21/11); sin embargo, es evidente que el default se aproxima. El desquicio económico es pagado íntegramente por las masas, que afrontan una canasta familiar que llegó a los 429 mil bolívares, mientras el salario mínimo no alcanza los 30 mil. Incluso considerando los “cestaticket”, una suerte de vale alimentario que impuso el gobierno para asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo, el salario no cubre siquiera la cuarta parte de la canasta.

Las evidencias que aquí señalamos confirman que Venezuela marcha a un desenlace. Esto coloca sobre el tapete la necesidad que la clase obrera emerja en la crisis nacional como un factor político independiente. Es imperioso que la izquierda obrera y socialista postule un planteo de poder, que incluya la convocatoria a un congreso de trabajadores y una constituyente que reorganice la nación sobre nuevas bases.

Alejandro Lipco

sábado, 19 de noviembre de 2016

Marea Socialista y los resultados del Diálogo

Marea Socialista y los resultados del Diálogo



El diálogo me parece un nombre de lo más adecuado para eso que se dio, o se está dando entre el gobierno de Maduro y un sector de la MUD. Tal cual lo dice el diccionario, discusión sobre un asunto o sobre un problema con la intención de llegar a un acuerdo o de encontrar una solución.  

El grosero pacto como prefiere decir,  la representante de Marea Socialista, Z. Matamoros  en un recién artículo publicado por internet[1]  más bien extraña ante las coincidencias, que luego  pasa a explicar,  entre los “pactantes”

La representante de Marea Socialista expone las coincidencias entre los partner del diálogo,  primero descubre que todos pertenecen a la burguesía, unos son los muy exclusivos y los del PSUV, de su cúpula, son los boliburgueses,  algo nada más falso, y es importante precisar que sí le sirven a la burguesía, de un momento a otro pueden pasar a ser infuncionales y se les acabe su servicio.

Luego continúa  con otra coincidencia, describiendo la acumulación de ambas burguesías mediante la captación de dólares a través de Cadivi, con lo cual Marea se auto incrimina ya que ellos votaron y defendieron al gobierno de Chávez que fue cuando se dieron estos negociados.

Le sigue poniendo  más aderezos,  también descubre que ambos atienden al capital internacional mediante otras pruebas argumentales y cierra denunciando el pago de los bonos. Esos extravagantes bonos fueron emitidos durante la época de Chávez,  donde ellos apoyaban al gobierno de punta a cabo y todavía hoy siguen  haciendo apología como cuestión de fe, denuncian esos casos como correspondientes al modelo rentista, pero como todos los del chavismo puro, ahora que se agoto la renta debido a los precios del petróleo, es que denuncian a ese llamado modelo.

Esas revelaciones  las ubican, para los dos bandos de dialogantes, refiriéndolas a  diferencias tácticas ya que según Marea, la estrategia es la misma para ambos.

Para Marea  ahora sobre la estrategia,  las coincidencias son más profundas. La intervención de el imperio y el vaticano donde, para nosotros, obligó al dialogo, para ellos fue el mediador.  Precisamos y es importante establecer, que esos mediadores impusieron  el dialogo y ahora con los resultados de esa  primera ronda,  prefieren mantener a  Maduro por los momentos, como fórmula de estabilidad débil o crítica,  porque temen  un desbordamiento de las masas ante la grave situación  que  genere una crisis de ingobernabilidad, ante la lucha  por el poder entre los ahora dialogantes. Le temen al  inicio de  un proceso revolucionario.  Para Marea, el diálogo y los mediadores no tienen ya razón de ser porque ya acordaron el reparto del poder.

Quizás esta sea lo más peligroso, sobre un análisis de la situación actual. La lucha por el poder sigue dándose, a pesar de la intervención de los foráneos, que lograron frenar por unos días las situación  crítica, pero solo los corrieron e internamente tanto en el PSUV como en la MUD,  ahora hay más división, lo que indica menos control y más desconcierto, con una peor situación económica, lo que da  mayores elementos para una explosión social, que es lo que quieren evitar los enviados de Obama y del Papa.

Marea votó por Maduro, como buenos chavistas y ahora es cuando denuncian la pelea entre el PSUV y la MUD, por la distribución de la renta petrolera, es decir la lucha por el poder,  antes no denunciaron el “rentismo” porque simplemente ellos disfrutaban también esa renta petrolera, porque entraban divisas y esa es la diferencia fundamental entre el gobierno de Chávez y el ahora defenestrado Maduro.

Lo que ellos llaman ahora patrón de acumulación a través de la especulación y la corrupción por lo dólares que abundaban, viene de antes, con la diferencia que ahora en crisis se denuncia porque no hay para todos.

La exposición es tan aberrante, que  denuncian la desmovilización de la población, como acuerdo del pacto, para nosotros antes, cuando el gobierno de Chávez,  hubo la mayor desmovilización, porque la movilización fue en apoyo al gobierno que conducía al país al despeñadero adonde hemos llegado, tan absurdo es que culpan entre otros a la Central Socialista de Trabajadores de la desmovilización, cuando ellos fueron cómplices de esa central corporativa proclamada por Chávez

Se escapa entre sus líneas, la incongruencia, para mantenerse incólumes  sin descubrirse, “la burguesía tradicional  y la nueva burguesía Roja-Rojita desean seguir acumulando…  capital partir del rentismo…  inherente  a ese modelo…”  desean seguir acumulando significa que antes lo hacían y lo insertan es ese modelo, que también los parió a ellos, y ahora se abren porque el modelo no da lo  suficiente.

Otra  ridiculez de Marea es seguir  esperando un revocatorio, eso se lo ganan eso no se regala, cuando Chávez se lo concedió a la MUD después del golpe, del lock out petrolero y por último de las trampas de la “firmas planas” para exigir el revocatorio, Chávez pactó. Aquí si va  o fue un grosero pacto, y más criminal ya que venía de perdonarlos luego de todo lo sucedido en 2002-2003.

Chávez que le tocó las época de las vacas gordas actuó de la manera más neoliberal con la pequeña crisis de 2009 inclusive fue, en un corto tiempo, más allá que Maduro, aumentó el IVA, mega-devaluó y como siempre se endeudó. Deuda que paga hasta ahora, puntillosamente Maduro, o renueva la deuda.

Las conclusiones de Marea

Marea escribe “Esta nueva referencia política debe, en primer lugar ser profundamente democrática, respetar la pluralidad y sobre todas las cosas, ser consecuentemente anticapitalista”, todo esas categorías fueron precisamente lo que llevo a Chávez a lo que tenemos hoy, fue democrático tan profundo en el sentido de la democracia burguesa, respetando la pluralidad que luego produjo guarimbas,  asesinatos, golpes, lock out y hoy siguen jodiendo.

El chavismo es democracia tanto como AD y Copei, que durante 40 años impusieron  desde el ejecutivo y el congreso nacional  lo que querían, discriminaban el empleo mediante el carnet del partido, reprimían, dirigían los tribunales desde la suprema corte hasta los regionales, los entes electorales cualquiera instancia fue restringida para sus adeptos,  cerrando con el poderoso buro sindical de AD con sus tenebrosas bandas armadas, la diferencia con la dictadura de Pérez Jiménez fue que no se permitían sindicatos ni partidos, ni marchas, ni derecho a la opinión  pública, los militares mandaban directamente, sin el voto de cualquiera forma.

Lo de consecuentemente anticapitalista es un pote de humo, porque ninguno fue anticapitalista ni Chávez,  desde un comienzo y ahora menos, que están ensartados con los pagos de las deudas y las reservas de divisas liquidadas.

Marea Socialista, que vivió la época de las vacas gordas de Chávez, vivió en el sentido  estricto del término, con sus bozales de arepa, les sirvió con su página aporrea, apoyo su burocracia sindical, y apoyo a la asamblea nacional por la cual votó y que no legislaron lo transcendental ni porque tenían mayoría absoluta en la época de Chávez. Ahora sienten en la época de las vacas flacas que los bozales de arepa escasean y se defienden, queriendo regresar al pasado.

Marea Socialista y sus socios de la izquierda quieren generar una renovación del chavismo, esto es funcional al capitalismo al evitar cualquier paso por  pequeño que sea en el camino de crear una vanguardia independiente, revolucionaria, la alternativa política para que la crisis la paguen quienes la causaron y no los trabajadores.

Oswaldo Ramírez

martes, 15 de noviembre de 2016

Un "nuevo Chavismo" o una estrategia revolucionaria

Un "nuevo Chavismo"  o una estrategia revolucionaria como alternativa




Para Washington  y  sus aliados,  así como también para los llamados gobiernos progresistas  es preocupante la inevitable caída de Maduro y el chavismo, mediante un recambio por  la derecha tradicional, que carece de  los recursos económicos y políticos para imponer los planes de ajuste.

 La agudización de la crisis capitalista mundial, complica la estabilidad para cualquier gobierno, y en particular en Venezuela donde a diferencia de otros cambios en Latinoamérica, sobre todo los realizados mediante  golpes parlamentarios,  el gobierno de Maduro ofrece una feroz resistencia a su final   y peor aun en medio de una economía destruida.

La posibilidad de una crisis de ingobernabilidad, convertida en un hervidero complica la estabilidad y  los recambios que se están dando en Suramérica, Venezuela  puede contagiar en lo inmediato a  Colombia, pero también más allá, a  su vecino oriental Brasil cuya situación  política y económica está bastante revuelta.

Para el movimiento obrero, y para la vanguardia militante de izquierda,  autónoma, revolucionaria, e independiente de los gobiernos,  es vital entender esta continuidad no como una sucesión lineal, mecánica de luchas sociales y  elecciones parlamentarias, sino como una experiencia estratégica de gran valor que debe ser analizado a fondo y en profundidad para prepararse como alternativa de poder.

Es necesario y urgente un análisis, no académico, sino de la lucha de clases, para elaborar una estrategia revolucionaria,  una guía para la acción, respaldada por un programa de políticas concretas y propuestas organizativas para asumir las luchas, por una salida a la crisis política, económica y social.

Es palpable que la mayoría popular no quiere volver al viejo sistema político burgués desacreditado, que fue derrotado por el chavismo, pero que este su vez como relevo también le llego su hora. Tenemos que partir de esta situación, mucha gente no quiere volver atrás, ante la quiebra del actual régimen político, pero no ve una forma alternativa de ir hacia adelante.

Objetivamente la disyuntiva es “ajustar” la economía venezolana a costa del pueblo trabajador, u oponerse  a quienes son los culpables de la crisis para que la paguen ellos. Los que estamos por esta segunda solución debemos comprender, para este fin,  que  solo se alcanza sobre una reorganización social dirigida por los trabajadores.

En Venezuela se puede dar una primera implosión política de grandes magnitudes producto de esta crisis económica global, debido a los menguados precios petroleros y los compromisos de pagos de las deudas contraídas. Sin duda una resistencia a los ajustes vendrá de los movimientos sociales y formas de organización popular nacidas desde el chavismo (asambleas populares y comunales en los barrios, cooperativas autenticas, movimientos sociales de lucha por vivienda, nuevas direcciones sindicales)

Hay que dar un salto, necesitamos una acción conjunta y no dogmática, no sectaria, un debate, por  una alternativa política independiente, agrupando  a todas las tendencias combativas de la clase obrera  y de la izquierda que lucha, para enfrentar  y superar la sumisión a la burocracia sindical  y la manipulación desde el gobierno.

Por un Congreso de Sindicatos y  Trabajadores  de Base, Combativos, que discuta un plan económico de la clase obrera y un plan de lucha para imponerlo.

José Capitán